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¿Cómo se atreve una muerta de hambre como tú a tocar mi colección?
Ricardo Salgado se quedó inmóvil al otro lado de una puerta de vidrio esmerilado, con un ramo de girasoles en la mano.
Era el cumpleaños número 24 de su hija Mariana y había decidido sorprenderla en la empresa de moda donde hacía prácticas desde hacía ocho meses, en Santa Fe. Nadie ahí sabía que era hija del dueño de uno de los grupos logísticos más grandes de México. Mariana había insistido en entrar por méritos propios, usando sólo el apellido materno, Ortega.
Ricardo respetaba eso.
Lo que no esperaba era escuchar aquella voz.
La voz de su esposa, Verónica.
A través de una rendija vio a Mariana de rodillas, recogiendo hojas de diseño tiradas por el piso. Tenía los ojos rojos y trataba de no llorar.
Frente a ella estaba Verónica, impecable en un traje marfil, y a su lado Camila, su hija de 29 años, mirando la escena con una sonrisa.
—Mamá, de verdad contratan a cualquiera —dijo Camila—. Mira cómo tiembla.
Verónica dejó caer otra carpeta.
—Recógela. Y aprende algo: la gente como tú debería agradecer que le permitan entrar a lugares como éste.
Ricardo sintió que algo dentro de él se quebraba.
Seis años antes había enterrado a Elena, la madre de Mariana. Cu
