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Empezar desde cero en Northlake State
Sus padres no la llevaron a la universidad. El padre alegó trabajo; la madre, cansancio. Le entregaron un sobre con doscientos dólares y una nota: «Para emergencias. Sé inteligente». Maya guardó el dinero y rompió la nota.
En Northlake State alquiló un cuarto en una casa vieja a seis cuadras del campus, con escaleras hundidas y un calefactor ruidoso. Era barato, y barato significaba posible. Su rutina se volvió una máquina de supervivencia:
Alarma a las 4:30 de la mañana para abrir el café Sunrise Bean.
Clases de economía, estadística, escritura y políticas públicas, siempre sentada al frente.
Fines de semana limpiando residencias estudiantiles después de fiestas.
Noches de estudio sostenidas con cafeína y miedo a quedarse atrás.
Nunca contó a sus padres lo difícil que era. Sabía que convertirían su esfuerzo en prueba de que ella había elegido un camino duro, y no de que ellos la habían empujado a él.
