**PARTE 1**
El primer sabor de la libertad no fue dulce. Supo a humo de diésel, café rancio y al aire frío de una estación de autobuses al amanecer.

Después de pasar tres años en prisión, Eli Vance salió con todo lo que poseía dentro de una bolsa plástica transparente. Pero no pensaba en la cárcel. Pensaba en su padre, Thomas.
Durante años, Eli se había imaginado a su padre esperándolo en casa, sentado en su viejo sillón junto a la ventana. Pero cuando Eli llegó, la casa se veía distinta. Pintura nueva. Autos nuevos. Ningún rastro de su padre.
Su madrastra, Linda, abrió la puerta.
—¿Dónde está papá? —preguntó Eli.
Linda lo miró con frialdad.
—Tu padre fue enterrado hace un año.
Eli quedó atónito. Nadie se lo había dicho. Linda se negó a dejarlo entrar y le cerró la puerta en la cara.
Desesperado por obtener respuestas, Eli fue al cementerio Oak Hill. Pero el cuidador, Harold, le dijo que su padre no estaba enterrado allí.
Entonces Harold le entregó un sobre.
Dentro había una carta de Thomas, una llave de bronce y una tarjeta de la unidad de almacenamiento 108.
En la carta, Thomas revelaba que estaba muriendo de cáncer de páncreas. También le advertía a Eli que Linda había mentido y que la verdad sobre la condena de Eli estaba escondida dentro de la unidad de almacenamiento.
Eli fue a Westridge Storage y abrió la Unidad 108.
Dentro encontró cajas con documentos, registros bancarios, expedientes médicos, fotografías y una memoria USB etiquetada: “Mira esto antes de leer”.
En el video, Thomas apareció débil, pero decidido.
