La prometida del magnate humilló a la empleada equivocada… y frente a 300 invitados descubrió quién era en realidad-YILUX

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PARTE 1

En la residencia de los Garza, en San Pedro Garza García, todos conocían a Mariana Reyes como la empleada que nunca levantaba la voz. Tenía 29 años, usaba un uniforme beige impecable y podía cruzar un salón lleno sin que nadie notara su presencia.

Eso le convenía. Mariana llevaba 1 año trabajando en aquella casa y había aprendido a esconder su pasado detrás de una charola de café, un recogido sencillo y una mirada tranquila.

El dueño era Emiliano Garza, heredero de Grupo Cumbre, una empresa inmobiliaria valuada en cientos de millones. A diferencia de muchos hombres de su círculo, él daba las gracias, sabía los nombres del personal y jamás chasqueaba los dedos para pedir algo.

Por las noches, cuando la mansión quedaba en silencio, Emiliano bajaba a la cocina. Ahí hablaba con Mariana sobre la presión de dirigir el negocio familiar, la enfermedad de su abuelo y el miedo de casarse con alguien a quien cada día entendía menos.

Mariana escuchaba sin juzgar. Nunca cruzaba la línea, nunca coqueteaba y nunca le daba un consejo que no le hubieran pedido.

Pero Renata Alcázar, la prometida de Emiliano, empezó a notar cómo cambiaba su rostro cuando Mariana entraba. Renata tenía 31 años, venía de una familia conocida en Monterrey y trataba al personal como si fueran muebles con piernas.

Derramaba café para obligarlos a limpiar, cambiaba los menús a última hora y llamaba “muchacha” a cualquier mujer con uniforme. Una tarde, frente a 4 empleadas, soltó una carcajada.

—Gente como ustedes debería agradecer que la dejen entrar por la puerta principal.