²
Bajé la mirada hacia el documento.
Susurré:
—Dios mío…
Mis manos temblaban, pero no por miedo.
Era rabia… tristeza… y algo más profundo que no sabía explicar.
Leí la primera línea.
Era un documento legal.
Reconocimiento de maternidad.
Cambio de tutor legal.
Acceso a derechos sobre bienes futuros.
Todo estaba preparado.
