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"Porque planeo estar presente en muchos de vuestros mañanas."
Nuevas lágrimas llenaron mis ojos.
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Esta vez, no eran por miedo.
Los meses siguientes no fueron fáciles.
Ni de cerca.
Los tratamientos fueron difíciles.
Hubo contratiempos.
Hubo días en que me sentí agotada.
Días en los que me sentía desanimado.
Días en los que quise renunciar.
Pero en todas y cada una de esas ocasiones, Leo estaba allí.
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Acudía a las citas siempre que podía.
Él me trajo la tarea cuando falté a clase.
Se sentó a mi lado durante los tratamientos.
Veía conmigo programas de telerrealidad pésimos cuando yo estaba demasiado cansada para hacer otra cosa.
Lo más importante es que nunca me trató como si estuviera rota.
Me trató como a Elena.
Solo Elena.
La chica que siempre había conocido.
La chica por la que tanto había luchado.
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Seis meses después, nuevos escáneres mostraron algo que nadie esperaba cuando comenzó este proceso.
El tratamiento estaba funcionando.
Mis médicos estaban encantados.
Mis padres volvieron a llorar.
Sinceramente, para entonces, llorar se había convertido en una especie de pasatiempo familiar.
Unas semanas después, crucé el escenario de mi graduación.
La multitud vitoreó.
Mis padres se pusieron de pie.
Mi madre agitaba ambos brazos.
Mi padre gritaba tan fuerte que me avergonzaba.
Entonces oí otra voz.
Aún más fuerte.
Miré hacia la multitud.
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Leo estaba allí de pie.
Animando con más entusiasmo que nadie.
Su cabello había comenzado a crecer de nuevo.
El mío también.
Por un momento, pensé en la noche del baile de graduación.
La cabeza rapada.
El sobre.
Los aplausos.
La esperanza.
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La noche en que pensé que me estaba despidiendo de mi futuro.
Sonreí.
Porque resultó que esa noche no fue el final de nada.
Fue el comienzo.
Los médicos me dieron una oportunidad de luchar.
Mi comunidad me dio esperanza.
Pero cuando recuerdo aquella noche, lo que más recuerdo es que, mientras todos intentaban salvar mi futuro, Leo nunca me dejó enfrentarlo sola.
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Pero aquí está la verdadera pregunta: cuando alguien a quien amas se enfrenta a la lucha de su vida, ¿te echas atrás por miedo a no poder hacer nada, o te presentas cada día, te niegas a abandonarlo y demuestras que la esperanza puede surgir de personas que simplemente eligen no rendirse?
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