Mis compañeros de clase se burlaron de mí cuando llegué al baile de graduación con mi abuela y le pedí bailar la primera pieza… Pero todo cambió cuando tomé el micrófono e hice callar a toda la sala.

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## PARTE 2

En ese instante, algo dentro de mí pareció romperse.

Solté suavemente su mano y pedí que detuvieran la música un momento.

La sala quedó inmediatamente en silencio.

Tomé el micrófono y me volví hacia los demás.

—En este preciso momento, se están burlando de una mujer que pasó veinte años limpiando los suelos de esta escuela —dije con calma—. Pero gracias a esa mujer, tuve comida en la mesa, libros para estudiar, ropa y la suerte de estar hoy aquí con ustedes.

La sala permaneció en silencio.

—Regresaba tarde a casa con dolor de espalda, pero a pesar de ello, me leía libros antes de que me durmiera. Ahorraba dinero para mis cuadernos y mis excursiones escolares, aunque durante meses no se compraba nada nuevo para ella.

Hice una pausa y miré a mi abuela.

—Gracias a su trabajo, pude terminar la escuela. Gracias a ella, obtuve una beca para estudiar en la universidad.

Apreté el micrófono con más fuerza.

—Si algún día en su vida encuentran a una persona que haga por ustedes aunque sea la mitad de lo que ella hizo por mí, considérense las personas más afortunadas del mundo.

En la sala, el silencio era tan profundo que se podía oír a alguien soltar un largo suspiro.

La primera en empezar a aplaudir fue una de las profesoras.

Luego, varias personas más se unieron a ella.

Unos segundos después, toda la sala aplaudía.

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