PARTE 2: EL FUNERAL DE LA MUJER QUE NO MURIÓ

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Daniel no entendió.

Todavía.

Pero yo sí.

Durante cinco años, Brandon había llevado mis finanzas, administrado nuestras inversiones y organizado prácticamente todos nuestros documentos importantes.

Yo había confiado en él porque era mi esposo.

Pero también había aprendido muchas cosas observándolo.

Sabía cómo pensaba.

Sabía qué ocultaba.

Y sabía que un hombre que arriesgaba cincuenta millones de dólares no improvisaría su plan.

Había preparado todo.

Eso significaba que, tarde o temprano, dejaría rastros.

La investigación comenzó en silencio.

Daniel descubrió que Brandon había reportado mi desaparición pocas horas después de nuestra supuesta excursión.

Después apareció otro detalle.

La póliza de seguro había sido modificada ocho meses antes.

Brandon había insistido en que necesitábamos mayor protección porque nuestro hijo estaba por nacer.

Yo había firmado los documentos sin sospechar nada.

Pero la modificación contenía una cláusula extraña.

Brandon recibiría la totalidad de los cincuenta millones si mi muerte era considerada accidental.

Daniel me mostró una copia.

—¿Sabía esto?

Negué con la cabeza.

—No.

—¿Quién preparó la modificación?

—Su abogado corporativo.

Daniel anotó algo.

—Y Gretchen aparece en varios correos relacionados con la renovación.

Mi estómago se revolvió.

—¿Ella también sabía?

—Todavía no podemos asegurarlo.

Pero dos días después, llegó la primera prueba.

Una cámara de seguridad había captado a Brandon y Gretchen comprando equipo para la excursión.

No era suficiente.

Luego apareció una segunda.

Brandon había comprado una cuerda de seguridad, guantes térmicos y un localizador satelital.

Pero el localizador nunca fue activado.

Daniel miró la pantalla.

—¿Por qué llevaría un dispositivo de emergencia y no lo activaría?

Respondí:

—Porque no pensaba rescatarme.

El detective asintió.

La tercera prueba llegó de un lugar inesperado.

El teléfono de Brandon.

No lo tenía la policía.

Lo tenía Gretchen.

Y ella acababa de cometer un error.

Le envió un mensaje a Brandon:

“¿Cuándo podremos cobrar?”

Daniel consiguió una orden judicial.

El mensaje fue recuperado.

Pero había más.

Gretchen también había escrito:

“Espero que nadie encuentre el cuerpo.”

Sentí un escalofrío.

Daniel cerró la computadora.

—Ahora sí tenemos algo.

Pero yo todavía no estaba satisfecha.

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