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Intentando mantener la calma, hice lo que cualquiera haría en esta situación: agarré mi teléfono y empecé a buscar información. También les escribí a algunos amigos que disfrutan más del aire libre y que tal vez sepan algo sobre insectos.
Internet puede ser una bendición y una maldición en estos momentos: la información justa para darte respuestas, y también la suficiente para asustarte de muerte.
En pocos minutos, encontré la respuesta.
Eran huevos de chinche apestosa.
Me quedé atónita. Mantengo mi casa limpia. Aspiro con regularidad, lavo las sábanas a menudo e intento evitar cualquier cosa que pueda atraer plagas. Pero a pesar de todo, ahí estaban, ¡en mi cama!
¿Cómo llegaron allí?
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