Un viaje a la montaña… y la traición que nunca imaginé

Pero nada de eso dolió tanto como mirar a mi hijo esposado mientras evitaba cruzar la mirada conmigo.

Porque incluso después de todo…
una parte de mí seguía recordando al pequeño niño que una vez corría hacia mis brazos diciendo:

—Mamá, no me sueltes nunca.

Y ahora entendía algo devastador:

A veces las personas más peligrosas…
son aquellas a quienes amamos más.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *