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El verdadero problema? A diferencia de la sopa o el gratinado, la cebolleta se come muy a menudo cruda. Sin cocción para eliminar bacterias, sin calor protector. Si la verdura no ha sido lavada adecuadamente, comemos directamente lo que ha acumulado durante su crecimiento.
De todos modos, tranquilicémonos: en los países con sectores agrícolas regulados, la contaminación grave sigue siendo poco frecuente. Pero unas cuantas precauciones sencillas son suficientes para reducir aún más este riesgo mínimo.
