Preparación
En un tazón grande coloque la harina, el azúcar, el polvo de hornear y la pizca de sal. Mezclá bien para distribuir todo de manera pareja.
Agrega la manteca fría cortada en cubos pequeños. Empezá a integrarla con la punta de los dedos o con una corneta, buscando formar una textura arenosa, como migas húmedas. Este paso es importante para que la masa quede tierna y quebradiza.
Sumá los huevos, la esencia de vainilla y la ralladura de limón si quieres darle un aroma más fresco. Mezclá apenas hasta unir. No hace falta amasar demasiado: solamente tenés que lograr una masa suave y pareja.
Dividí la masa en dos partes, un poco más grande que la otra. La porción más grande va a ir en la base y la más chica en la parte superior. Envolvé ambas y llevalas a la heladera durante 20 a 30 minutos para que tomen firmeza.
Mientras la masa descansa, prepare el relleno. Corta el membrillo en cubos y ponlo en una ollita junto con el agua. Llevá a fuego bajo y revolvé hasta que se ablande. Cuando esté bien suave, aplastalo con cuchara o espátula hasta formar una pasta espesa y uniforme. Si quieres, puedes sumar el jugo de limón para equilibrar el dulzor.
Enmantecá y enhariná una fuente o molde rectangular. Retirá la parte más grande de la masa y estirala con las manos o con palo de amasar. Forrá la base del molde y levantará apenas los bordes para contener el relleno.
Extendé el membrillo de manera pareja sobre toda la base. Tratá de llegar bien hasta los bordes para que cada cuadradito tenga una buena cantidad de relleno.
Tomá la masa restante y distribuíla arriba del membrillo. Podés hacerlo en trocitos, desgranándola con los dedos, o estirarla con cuidado y apoyarla como una cubierta. En la imagen se ve una terminación más bien rústica y casera, así que una cubierta suave o desgranada funciona muy bien.
Llevá al horno precalentado a 180 °C durante 30 a 35 minutos, o hasta que la superficie esté apenas dorada y la masa se vea cocida.
Retirará del horno y dejará enfriar por completo dentro del molde. Cuando esté frío, córtelo en pares cuadrados. Si desea, espolvoreá con un poco de azúcar impalpable antes de servir.
Tips y consejos:
Para que la masa quede bien tierna, no la trabajes de más. Apenas se une, ya está lista para descansar en frío.
Si el membrillo está muy firme, podés agregar una cda más de agua durante la cocción, pero sin excederte para que no quede líquido.
La base no debe quedar demasiado fina. Conviene dejarla con buen cuerpo para que sostenga bien el relleno y los cuadraditos salgan firmes al cortar.
La cubierta superior se puede hacer de dos maneras: en trocitos desgranados para un acabado más rústico, o como una tapa fina si prefiere una terminación más prolija.
Es importante dejar enfriar bien antes de cortar. Si todavía está tibio, el relleno puede moverse y las porciones no van a quedar tan definidas.
Si quieres variar un poco el sabor, podrás reemplazar una parte del membrillo por dulce de batata, aunque el membrillo sigue siendo el que mejor mantiene la estructura.
Guardelos en un recipiente bien cerrado cuando ya esté frío. Se conservan muy bien y al día siguiente suelen estar incluso más ricos, porque la masa toma mejor la humedad justa del relleno.
Estos cuadraditos de membrillo quedan simples, caseros y muy tentadores, con una masa suave que acompaña perfecto el relleno espeso y dulce.
Son de esas recetas rendidoras que siempre funcionan y que quedan muy bien para servir en una bandeja de merienda.
