“El hospital me llamó antes de medianoche: mi hijo de 6 años estaba entre la vida y la muerte. Pero lo que todavía me persigue no fue esa llamada… fue escuchar a mi madre reírse cuando pregunté qué había pasado, y a mi hermana decir con frialdad: “Se lo ganó.”

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PARTE 2: —No… ellas no —susurró Emiliano.
El cuarto quedó inmóvil.
El agente Sosa bajó apenas la cámara. Lucía se inclinó sobre la cama, sintiendo que el corazón se le partía en las costillas.
—Mi amor, ¿qué quieres decir?
Emiliano tragó aire con dificultad. Sus ojos, llenos de terror, pasaron por encima de Socorro y Brenda hasta clavarse en la puerta de cristal.
—El hombre —dijo.
El monitor volvió a sonar con fuerza.
El agente Sosa volteó de inmediato. En el pasillo, detrás del mostrador de enfermería, un hombre con chamarra oscura observaba la escena. No era médico. No era familiar. No era policía.
Cuando se dio cuenta de que lo habían visto, caminó rápido hacia las escaleras.
—¡Deténganlo! —gritó Sosa.
Un oficial salió corriendo tras él. Las enfermeras se apartaron. Brenda chocó contra la pared y Socorro se llevó las manos al pecho.
Por 1 segundo, Lucía vio algo en sus rostros.
No era sorpresa.
Era reconocimiento.
—Dios mío —murmuró Socorro—. Regresó.
Lucía giró hacia ella.
—¿Quién regresó?