Mis padres nos empujaron a mi hijo y a mí desde su yate en Puerto Vallarta… horas después, sus gritos estremecieron a todos cuando las cámaras de seguridad revelaron quién realmente quería vernos muertos.

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PARTE 2: La primera persona a la que Mariana llamó fue a Julián Mercado.
Habían sido novios antes de que Rodrigo Salcedo lo expulsara de Guadalajara con amenazas disfrazadas de consejos. Julián era entonces un estudiante de derecho sin apellido. Ahora era abogado penalista y conocía demasiado bien a los hombres que compraban silencios.
Llegó al hospital esa misma noche.
No la abrazó de inmediato. Primero miró los moretones en sus brazos, la herida en su frente y a Nico dormido con una vía en la mano.
—Dime todo —pidió.
Mariana habló.
Contó que la habían invitado a la fiesta solo porque Claudia no quería que los invitados preguntaran por la hija ausente. Contó que su madre llevó a Nico cerca de la borda con el pretexto de mostrarle los fuegos artificiales. Contó que su padre la sujetó cuando ella corrió. Contó que el yate siguió navegando.
Julián no la interrumpió.
Cuando terminó, solo dijo:
—No quieren ocultar un accidente. Quieren fabricar tu locura.
Al día siguiente, Julián llevó a una investigadora privada: Renata Luján, una mujer de cabello corto, botas negras y ojos que parecían revisar hasta las paredes. Ella empezó por la tripulación.
El capitán aseguró que Mariana había bebido demasiado.
Una mesera dijo que la vio llorando antes del incidente.
Un invitado declaró que Mariana discutió con Claudia.
Todo sonaba armado.
—Planearon esto —dijo Mariana, con la voz rota.
Renata no respondió de inmediato.