PARTE 2 EL DÍA QUE MI NOVIO SE COMPROMETIÓ CON OTRA, REVELÉ FRENTE A TODO EL HOSPITAL QUIÉN ERA YO EN REALIDAD

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—Victoria, espera.

Su voz ya no sonaba autoritaria.

Sonaba asustada.

—Podemos hablar de esto en privado.

Levanté la vista.

—¿Hablar de qué? ¿De tu compromiso o de las noventa y nueve noches que no volviste a casa?

Claire giró violentamente hacia él.

—¿Noventa y nueve noches?

Por primera vez, la seguridad desapareció de su rostro.

Adrian apretó la mandíbula.

—No es el momento.

—Para mí sí lo es —contesté—. Yo creía que estabas de guardia. Ahora entiendo que utilizabas las emergencias para preparar una boda a mis espaldas.

Los empleados se habían congregado en el pasillo. Enfermeras, residentes y administrativos observaban en silencio.

Entre ellos reconocí a varias personas que durante años habían dicho que yo dependía de Adrian para conservar mi puesto.

Mi padre tomó mi renuncia y la rompió por la mitad.

—No necesitas renunciar —dijo—. A partir de hoy puedes decidir quién dirige este hospital.

Robert Whitmore palideció.

—Esto es una institución médica, no un juguete familiar.

—Precisamente por eso mi hija está aquí —respondió mi padre—. Durante cinco años trabajó entre ustedes sin privilegios. Conoce mejor este hospital que cualquiera de los ejecutivos sentados en su junta.

Yo firmé la adquisición.

El sonido de la pluma deslizándose sobre el papel pareció retumbar en toda la sala.

Claire dio un paso hacia mí.

—Así que todo este tiempo fingiste ser pobre.

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Las noventa y nueve noches que yo había pasado esperándolo quedaron registradas como reuniones privadas, cenas con inversionistas y visitas a la residencia de los Whitmore.

El hombre que siempre afirmaba estar salvando vidas en realidad estaba negociando la suya.

Dos días después, Adrian apareció en mi oficina.

Ya no vestía su bata blanca. La junta lo había suspendido mientras se completaba la investigación.

—¿Vas a destruir mi carrera? —preguntó.

Yo seguí revisando un informe.

—Tus decisiones están destruyendo tu carrera. La auditoría solo las está documentando.

—Nunca dañé a un paciente.

—Eso lo determinará el comité médico.

Cerró la puerta.

—Renunciaré al cargo. Terminaré cualquier vínculo con Claire. Nos iremos de Ashford y empezaremos de nuevo donde nadie nos conozca.

Lo miré con incredulidad.

—¿Aún crees que el problema es Claire?

—El problema fue mi ambición.

—No. El problema fue que me amabas mientras pensabas que yo no tenía poder para exigirte respeto.

Adrian dio un paso hacia mí.

—Si hubiera sabido que eras una Sinclair…

—Exactamente.

Mi voz lo detuvo.

—Si hubieras sabido quién era, jamás te habrías comprometido con ella. Me habrías presentado a tu familia, defendido ante tus colegas y presumido de nuestra relación. Pero yo necesitaba saber cómo me tratarías cuando pensaras que no tenía nada que ofrecerte.

Él cerró los ojos.

—Te fallé.

—Sí.

No hubo gritos.

No hubo una reconciliación dramática.

Algunas traiciones no necesitan una escena final. Solo necesitan una puerta que se cierre.

—Puedes irte, Adrian.

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