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PARTE 3
El avión aterrizó al amanecer en Madrid, y Julianne sintió algo que no había reconocido en años: un silencio intrépido. Sofía caminaba delante de ella con su mochila rosa, sosteniendo la mano de Mateo, que seguía arrastrando su dinosaurio de peluche por el reluciente suelo del aeropuerto. Ninguno de los dos preguntó por Marcus. Esto dolió más de lo que Julianne esperaba, porque entendía que sus hijos no echaban de menos a un padre, sino la idea de uno.
Al salir, una mujer de pelo canoso levantó la mano. Era Clara Vale, la tía de Julianne y la única persona que conocía toda la verdad desde el principio. La abrazó con fuerza, sin hacer preguntas, como si también estuviera abrazando las noches en que Julianne lloraba en silencio en el baño para que sus hijos no la oyeran.
“Se acabó”, susurró Clara.
