²
—Gracias por volver a casa, Damian —susurró ella.
La abracé y le besé la sien, escuchando el ritmo constante de su respiración.
—Nunca más me iré, cariño —dije, mirando el vasto y despejado horizonte—. Por fin estamos en casa.
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—Gracias por volver a casa, Damian —susurró ella.
La abracé y le besé la sien, escuchando el ritmo constante de su respiración.
—Nunca más me iré, cariño —dije, mirando el vasto y despejado horizonte—. Por fin estamos en casa.