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El teléfono se le resbaló de la mano.
"Esto... no es real."
"Hay una condición", continuó. "Debes llegar a Zúrich antes del viernes a las 17:00. Hoy es martes."
Su esperanza casi se desmoronó de nuevo.
"Mi pasaporte... Sebastián lo tiene."
"Eso ya está resuelto. Un coche está esperando fuera de tu hotel. Dejarlo todo atrás."
Corrió hacia la ventana.
Una furgoneta negra esperaba bajo la lluvia.
En ese momento, apareció un mensaje de Sebastián:
"Espero que hayas aprendido a vivir sin mi nombre."
Mariana miró el mensaje.
Luego al coche.
Y por último—
Sonrió.
Tres meses después, Mariana había desaparecido de México.
Se difundieron rumores: había huido, desaparecido, fracasado.
Mientras tanto, Sebastián fingía ser la víctima, mientras su nueva novia vivía en el ático que Mariana llamó hogar.
Pero Mariana estaba en Suiza, reconstruyendo.
Ella tomó el control del Grupo Aurora. Estudió, firmó contratos, transformó su vida. Se convirtió en la mujer que siempre había sido bajo años de silencio.
Entonces llegó su jugada.
Cuando supo que Sebastián necesitaba adquirir una empresa para salvar su negocio en colapso, actuó primero.
Ella se lo creyó.
Su acuerdo fracasó.
Su empresa empezó a decaer.
El momento final llegó en una gala.
Sebastián se mantuvo firme—hasta que Mariana entró.
Elegante. Sereno. Irreconocible.
"Me alegro de verte", dijo con calma. "Pareces cansado."
Y pasó junto a él.
Al día siguiente, todo se vino abajo.
Su empresa poseía ahora el 51% de Luján Tech.
