Tendemos a tener una visión silenciosamente pesimista de los demás, asumiendo que quienes nos rodean son más propensos a mentir y engañar de lo que realmente son. Un estudio reciente sugiere que esta suposición no solo es común, sino también significativamente errónea, y que corregirla puede mejorar considerablemente la confianza.

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Tendemos a tener una visión silenciosamente pesimista de los demás, asumiendo que quienes nos rodean son más propensos a mentir y engañar de lo que realmente son. Un estudio reciente sugiere que esta suposición no solo es común, sino también significativamente errónea, y que corregirla puede mejorar considerablemente la confianza.

Publicada en el Journal of Experimental Social Psychology, la investigación comenzó con un extenso análisis de los datos de los propios autores, basado en 31 comparaciones en 11 experimentos con más de 8000 respuestas. En estos estudios, se les dio a los participantes la oportunidad de mentir anónimamente a cambio de una pequeña recompensa económica, sin riesgo de ser descubiertos, a menudo mediante un sencillo juego de dados donde la tasa real de engaño podía calcularse matemáticamente. Esto permitió a los investigadores comparar lo que la gente creía sobre la honestidad de los demás con su comportamiento real.