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Tomé mi teléfono y llamé a mi abogado.
—¿Naomi? —respondió Evelyn de inmediato—. Dime que no estás mirando esa invitación sola.
—Estoy analizando las pruebas —respondí con calma.
Siguió una breve pausa. Luego su tono se endureció. "Bien".
“Necesito copias certificadas de todo. Registros de fertilidad, informes de paternidad, la auditoría financiera.”
“Ya están preparados.”
“¿Y la casa?”
“Sigues protegido por la cláusula de conciliación. Si Daniel cometió fraude durante el divorcio, podemos reabrir el caso.”
Bajé la mirada hacia la invitación para la fiesta de bienvenida del bebé y sonreí levemente.
Camille pensaba que yo era la exesposa estéril y devastada que volvía arrastrándose para ver florecer su cuento de hadas robado.
Lo que olvidó fue esto:
Antes de que Daniel se casara conmigo, antes de que Camille supiera lo cara que podía resultar una traición, yo fundé el bufete de abogados responsable de los contratos de Mercer Holdings.
Sabía exactamente dónde estaba enterrado cada cadáver.
Y ahora, uno de ellos crecía dentro del estómago de Camille.
—Estaré allí —susurré suavemente.
Entonces encargué el regalo…
PARTE 2
La fiesta de bienvenida del bebé tuvo lugar en la finca Mercer, porque Camille abandonó la sutileza en cuanto descubrió la herencia. Rosas blancas bordeaban el camino de entrada. Globos azul pálido se curvaban sobre la escalera de mármol. Un violinista tocaba junto a la fuente una melodía delicada que sonaba sospechosamente a himno fúnebre.
Llegué vestida de negro.
Camille me vio antes que nadie.
Su sonrisa se ensanchó bruscamente, casi como una cuchilla.
—Naomi —cantó dulcemente mientras cruzaba el salón de baile con una mano apoyada dramáticamente sobre su estómago—. De verdad viniste.
“Ya te dije que lo haría.”
