PARTE 1: El despertar a medianoche**
—Ella no tiene ni idea, y una vez que firme, sencillamente no habrá nada que pueda hacer al respecto.

A las 2:03 de la madrugada, Margot Stephens se despertó sobresaltada cuando esa frase susurrada le atravesó el pecho como un puñal de hielo.
Durante un instante doloroso, intentó convencerse de que solo había sido una pesadilla, pero la voz de su marido seguía llegando desde el despacho del fondo del pasillo oscuro: grave, pausada y peligrosamente divertida.
El espacio vacío a su lado en la enorme cama king size ya estaba frío, y eso la asustó más que las propias palabras. La traición llevaba despierta mucho antes que ella.
Se envolvió en la bata de seda, salió descalza del dormitorio y se pegó a la pared para evitar que las tablas del suelo crujieran.
La puerta del despacho estaba entreabierta, y alcanzó a oír la respuesta de otro hombre desde dentro:
—¿Estás completamente seguro de esto? ¿Y si decide leer la letra pequeña de esos documentos?
Lucas Stephens soltó una risa baja y perezosa, la misma que ella había confundido con cariño durante treinta y dos años de matrimonio.
—Margot nunca lee nada hasta el final, siempre confía en mí sin hacer una sola pregunta, y esa es nuestra mayor ventaja.
Las piernas de Margot casi flaquearon. Se apretó contra el frío revestimiento de madera, respirando lo más silenciosamente posible.
En ese instante comprendió que algo esencial dentro de su matrimonio se había roto sin posibilidad de reparación.
