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PARTE 1
“En cuanto Don Alejandro firme los documentos y entregue los 10,000,000 de dólares, dejo a Valeria y me voy contigo”, dijo Mauricio por el celular, sin darse cuenta de que la llamada con su esposa seguía activa. Ese fue el 1 sonido que Valeria escuchó cuando su esposo marcó su número por error y olvidó presionar el botón rojo para cortar la conexión antes de iniciar su conversación privada.
Valeria estaba de pie en la espectacular cocina de mármol de su residencia en Las Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de México. El reloj marcaba las 14 horas y ella acomodaba tranquilamente 1 pedido de productos gourmet mientras llevaba puesto su delantal favorito. Su teléfono comenzó a vibrar sobre la barra de granito y la pantalla iluminó el nombre del hombre al que había amado durante casi 10 años. Ella contestó de inmediato, pero no hubo ningún saludo cálido.
Al principio, Valeria asumió que el teléfono se había marcado solo dentro del saco de Mauricio, pues podía escuchar los sonidos apagados del tráfico de Paseo de la Reforma y el claxon de 1 auto lejano. Estaba a 1 segundo de colgar la llamada cuando escuchó 1 risa familiar que le convirtió la sangre en hielo. Reconoció ese sonido al instante porque le pertenecía a Camila, quien había sido su mejor amiga desde su 1 semestre en la universidad.
Camila era la mujer que se sentó a su lado cuando la madre de Valeria falleció hace 5 años y la persona que le ayudó a elegir el encaje para su vestido de novia. Era la misma mujer que la llamaba “hermana” cada vez que compartían 1 botella de vino los viernes por la noche en Polanco. Luego, Valeria escuchó la voz de Mauricio, sonando baja y llena de esa confianza arrogante que usaba cuando intentaba impresionar a 1 cliente millonario.
“Mi suegro está casi listo para firmar los papeles finales porque Don Alejandro confía más en mí que en su propio equipo de abogados”, alardeaba Mauricio. “Una vez que la inversión entre al fideicomiso, esos 10,000,000 de dólares estarán bajo mi control directo por 90 días, y ese es todo el tiempo que necesitamos para desaparecer”. Valeria sintió que su pecho se oprimía hasta el punto de que le resultaba difícil respirar mientras permanecía congelada.
Camila soltó 1 pequeña risita nerviosa que sonó como 1 cuchillo raspando la piel de Valeria. “¿Y qué va a pasar con Valeria?”, preguntó con 1 tono que sugería que la respuesta no le importaba.
“Valeria no entenderá nada porque simplemente le diré que nuestra relación se enfrió y que necesito espacio”, respondió él con frialdad. “Es 1 buena mujer, pero es increíblemente ingenua y no tiene ni 1 sola idea de cómo defenderse por sí misma”. Valeria se quedó allí, sosteniendo 1 frasco de conservas mientras sus nudillos se ponían blancos.
El frasco finalmente se resbaló de sus dedos entumecidos y golpeó el piso de madera. Ella no movió ni 1 solo músculo porque estaba paralizada por la traición. Fue entonces cuando Camila dijo algo que terminó de hacer pedazos su corazón.
“Más te vale cumplir con este plan, Mauricio, porque no voy a seguir ocultando nuestra relación”, advirtió la mujer. “Definitivamente no puedo seguir ocultándolo ahora, dadas las circunstancias actuales”.
Mauricio dejó escapar 1 suspiro largo. “Lo sé, mi amor, y te prometo que con el bebé en camino, no podemos darnos el lujo de esperar mucho más”. El mundo entero pareció quedarse en absoluto silencio. Camila estaba embarazada con el hijo de su esposo.
Esta era la misma Camila que había ido a su casa hace 2 semanas para comer y abrazarla. La había mirado a los ojos para preguntarle si ella y Mauricio todavía estaban intentando tener 1 hijo propio. “No te tardes demasiado, amiga, porque tú verdaderamente naciste para ser madre”, le había dicho con 1 sonrisa de plástico.
Valeria tuvo que apoyarse contra la isla de la cocina porque sus piernas temblaban. Mauricio siguió hablando como si estuviera planeando 1 vacación. “Nos vamos a mudar a Monterrey o a Miami por 1 tiempo después de que compremos 1 casa a nombre de otra persona”, explicó él. “¿Qué pasa si tu suegro sospecha?”, preguntó Camila. Mauricio se rio. “Don Alejandro se está volviendo viejo y su infarto lo dejó sentimental. El viejo cree que soy el hijo varón que nunca tuvo, firmará lo que sea sin hacer 1 sola pregunta”.
La tristeza paralizante de Valeria fue reemplazada por 1 furia helada. Su padre era 1 hombre implacable que había construido 1 imperio inmobiliario desde la nada con 1 sola camioneta, pero Mauricio creía que podía usarlo como 1 cajero automático. Valeria no colgó. Siguió escuchando cómo Mauricio planeaba obtener su firma el lunes en 1 despacho de Santa Fe para robarle su herencia.
Cuando la llamada terminó, Valeria levantó el teléfono y marcó el número de su padre. Don Alejandro contestó al 2 tono. “Papá, necesito que me ayudes a destruirle la vida a Mauricio”, dijo ella con 1 voz sorprendentemente firme.
Hubo 1 largo silencio. “Mándame todo lo que tengas y no le digas ni 1 sola palabra todavía”, respondió su padre.
Esa noche, Mauricio llegaría a casa fingiendo ser el marido perfecto, pero no tenía ni la menor idea de la tormenta que se avecinaba. Definitivamente, nadie podría creer lo que estaba a punto de pasar…
PARTE 2
Mauricio entró a la casa esa noche cargando 1 inmenso ramo de tulipanes amarillos, sabiendo perfectamente que eran los favoritos de Valeria. Llevaba 1 sonrisa tan falsa que a ella le daban ganas de gritar, pero mantuvo su rostro como 1 máscara de hielo. “Siento mucho llegar tarde esta noche, mi amor, he estado completamente abrumado con el trabajo en el corporativo”, dijo él mientras se quitaba el saco.
Valeria lo observó desde la mesa del comedor, donde ya había servido 1 plato de enchiladas calientes, su cena mexicana favorita para cuando él afirmaba estar estresado. Se odió a sí misma por seguir conociendo cada 1 de sus gustos.
“¿Va todo bien con mi papá y la nueva inversión?”, preguntó ella fingiendo calma. Mauricio tomó su tenedor. “Sí, Don Alejandro está muy emocionado con el proyecto y va a ser 1 gran oportunidad para todos”, mintió descaradamente.
Mientras él comía, el celular de Valeria vibró en su regazo. Era 1 mensaje de su padre. “Envíame los documentos que te pidió firmar”, decía el 1 texto. “Ya hablé con el Licenciado Roberto y estamos preparando 1 estrategia. No firmes ni 1 solo papel este fin de semana. Esto es mucho más que 1 simple infidelidad”, declaraba el último mensaje.
Más tarde esa noche, después de que Mauricio cayera en 1 sueño profundo, Valeria se escabulló en su oficina y abrió su computadora portátil. Él era tan arrogante que usaba su huella dactilar para todo. Ella tomó cuidadosamente su mano mientras él roncaba y presionó su dedo contra el sensor.
Lo que encontró en sus archivos privados la dejó temblando de rabia. Había correos de supuestos inversores que no existían y mensajes donde llamaba a su padre “el viejo inútil”. Encontró carpetas con títulos como “Control Temporal” que detallaban cómo vaciaría las cuentas familiares. Incluso había 1 borrador de divorcio que afirmaba que Valeria sufría inestabilidad emocional. Quería usar el luto por la muerte de su madre para demostrar ante 1 juez que era incompetente para administrar su herencia.
Sin embargo, lo más desgarrador fue 1 carpeta oculta con recibos médicos. Había consultas en 1 hospital privado exclusivísimo en Polanco e imágenes de ultrasonidos de 1 bebé de 14 semanas. Todo pagado con 1 tarjeta corporativa de la empresa de su padre. Mauricio usaba el dinero de la familia para financiar a su amante.
Valeria se encerró en el baño de visitas para vomitar. Al amanecer, su padre la llamó para reunirse en su oficina privada. Don Alejandro no era de mostrar emociones, pero al ver los ojos hinchados de su hija, soltó su pluma y la abrazó. “Perdóname, mi niña”, murmuró. “¿Por qué pides perdón?”, preguntó ella. “Porque yo traje a esa serpiente a nuestro círculo”, suspiró el anciano.
El Licenciado Roberto les explicó que Mauricio había prometido a 3 empresas distintas el acceso a fondos que aún no controlaba. Había usado el apellido de la familia para cerrar tratos fraudulentos. “¿Podemos enviarlo a la cárcel?”, preguntó Valeria. “Si verificamos cada 1 de estas transferencias, sí”, respondió Roberto. “Pero necesitamos que asista a la reunión del lunes creyendo que tiene el control”.
Esa tarde, Valeria recibió 1 mensaje de Camila. “Hola amiga, te noto rara, ¿quieres que vayamos por 1 café mañana?”. Valeria leyó las palabras sintiendo puro asco. La llamaba amiga mientras gestaba al hijo de su marido y gastaba su dinero. “Claro, me encantaría”, respondió Valeria.
Se encontraron en 1 cafetería en la colonia Condesa. Camila llegó con 1 vestido holgado y 1 bolso grande cruzado sobre su estómago. “He extrañado nuestras pláticas”, dijo con 1 sonrisa vacía. Durante 20 minutos, habló de tonterías. Luego, sin darse cuenta, colocó 1 mano protectoramente sobre su vientre.
La mirada de Valeria cayó sobre esa mano y Camila la apartó de inmediato. “¿Te sientes enferma, Camila?”, preguntó Valeria con falsa preocupación. Camila palideció. “No, solo 1 poco de náuseas por 1 mal desayuno”, mintió. Cuando salieron del café, Valeria la vio subirse al auto de Mauricio en la esquina. Valeria tomó 1 foto clara y se la envió a su padre.
El lunes llegó. Mauricio se puso su mejor traje azul. “Hoy es el día en que nuestras vidas cambiarán para siempre”, le dijo a Valeria. “Estoy segura de que nunca volverán a ser las mismas”, respondió ella.
¡Continuará!
↓ 𝐕𝐞𝐫 𝐩á𝐠𝐢𝐧𝐚 𝐬𝐢𝐠𝐮𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 ↓
