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Ese era el límite.
La fotografía nunca ha mostrado lo que hay detrás de la cámara.
Ahora lo sabía.
Entonces, cuando Carmen le pidió que abriera la puerta del apartamento, Lucía dejó las llaves sobre la mesa y fue a abrirla.
Carmen se marchó por voluntad propia.
Esta vez, nadie tuvo que prometer que regresaría.
